Una de las propiedades más importantes (y no necesariamente la más conocida) de la seda es la resistencia a las bacterias y los ácaros, lo que le ha valido un lugar predilecto en la elaboración o confección de productos para la belleza.
Pero el potencial «antiácaros» de la seda es solo una de las maravillosas cualidades desplegadas por este material, pues se puede compaginar la capacidad antiestática, la transpiración o el alto grado de confort.
En definitiva, toda la belleza de la seda se ve fuertemente exponenciada o complementada con las propiedades antiácaros que terminan por darle el toque sanitario que actualmente está imperando en la cosmética y la belleza.



